psicológicos

1.- Darse cuenta del "aquí y el ahora": La práctica del yoga nos sitúa en el presente. Prestamos atención a lo que hacemos, aprendemos a
sentir las sensaciones corporales y a ser conscientes de los emociones y las imágenes mentales. 
Darse cuenta es incrementar el control. 

2.- Integración del esquema corporal: La dificultad de algunos asanas, con posturas poco frecuentes y la ejecución bilateral de otros permiten que vayamos tomando conciencia cada vez más fina de nuestro esquema corporal. Nos ayudará a situarnos mejor en el espacio. consciente sobre nuestra vida. Vivir en el "aquí y el ahora" es estar en el presente, atento y capaz de reaccionar con presteza.

3.- Atención mental y concentración: Más importante que la mayor o menor perfección en la postura es el grado de concentración que somos capaces de alcanzar. Por eso, hacer yoga es una actividad al alcance de mucha gente, sana y enferma, joven y mayor. Debemos atender no solo a la mejoría paulatina de la postura, sino también al estado de nuestra mente y nuestras emociones, a la respiración consciente, con una concentración cada vez más eficaz, haciendo de la sesión un momento de intimidad con nosotros mismos.

4.- Apertura a la vida y menor número de defensas psicológicas: Otras consecuencias de la práctica del yoga son una actitud confiada y esperanzada ante los acontecimientos de nuestra vida, conscientes de nuestra destreza y nuestra valía como seres humanos, y menores defensas reactivas ante la frustración y los sucesos desagradables de la vida.

5.- Equilibrio emocional: Ser conscientes de nuestras propias emociones ayuda a relativizarlas, dándoles la importancia que les corresponde, y también a disfrutar de ellas. Disfrutar de nuestras emociones positivas con moderación, y ser capaces de poner todas en su contexto, tanto las que nos producen placer como las que nos resultan dolorosas, es el objetivo que se marca cualquier técnica psicológica para mejorar al ser humano. La práctica de yoga nos ayuda a conseguirlo.